Me acomodé en el horizonte
de tu mar limpio de penas.
Jugué con las olas
de tu eternidad vibrante
Zigzagueé con las yemas
de tus dedos impactantes
Carreteras de arena,
niña dorada,
surcaron nuestra historia
Farolas de jade verde,
iluminaron las playas de nuestra
memoria
Rotondas de espuma salada,
se entregaron al vaivén de nuestra
gloria.
Un cuadrilátero fluorescente
Un cuadrilátero fluorescente
enmarcaba tus salidas…
Unos pasos vacilantes
recorrían sin prisa mis avenidas…
Pasos llenos de hermosura
entre los silbidos de nuestros
tobillos
Roces de sangre caliente
desde el hipotálamo hasta los nudillos
Sarpullidos de dulzura
entre las baldosas de nuestros
altillos.
Y sin esperar el lapso
que atenazaba el cambio
cruzamos, miramos y andamos
nuestras calles silenciosas
Esas que acechan
_como
guantes de boxeo_
en tus esquinas más
recónditas.
MER ©


