miércoles, 8 de junio de 2016

TRANSEÚNTES MARINOS

Me acomodé en el horizonte
de tu mar limpio de penas.
Jugué con las olas
de tu eternidad vibrante
Zigzagueé con las yemas
de tus dedos impactantes

Carreteras de arena,
niña dorada,
surcaron nuestra historia
Farolas de jade verde,
iluminaron las playas de nuestra memoria
Rotondas de espuma salada,
se entregaron al vaivén de nuestra gloria.

Un cuadrilátero fluorescente
 enmarcaba tus salidas…
Unos pasos vacilantes
recorrían sin prisa mis avenidas…

Pasos llenos de hermosura
entre los silbidos de nuestros tobillos
Roces de sangre caliente
desde el hipotálamo hasta los nudillos
Sarpullidos de dulzura
entre las baldosas de nuestros altillos.

Y sin esperar el lapso
que atenazaba el cambio
cruzamos, miramos y andamos
nuestras calles silenciosas
Esas que acechan
            _como guantes de boxeo_
                                                 en tus esquinas más recónditas.

MER ©